Cuando alguien nos trata mal, tenemos tres opciones: reaccionar con inteligencia, dejarnos avasallar o reaccionar con agresividad.

Te proponemos 5 valiosos permisos con los cuales reaccionar de la forma más adecuada cuando alguien nos trata mal. Estamos seguros de que te serán de gran ayuda.

No es fácil gestionar esta situaciones de alta intensidad emocional donde se activan áreas muy concretas de nuestro cerebro.

1. Me doy permiso para recordar quién soy y lo que valgo

Cuando alguien nos trata mal, lo hace cruzando los límites de lo permisible. Se vulnera nuestra autoestima a través del desprecio, de las palabras agresivas, de la humillación e incluso del engaño.

Cuando atravesamos estas situaciones nos sentimos agredidos, porque atacan aquello que tanto nos ha costado construir: nuestro autoconcepto, nuestra autoestima, nuestra integridad personal.

Si alguien nos dice «no vales para nada», lo último que debemos hacer es montar en cólera y creer que es cierto .

2. Me doy permiso para poner límites a tu agresión

No dejes que ocurra. Tienes todo el derecho a impedir que esto suceda, a defenderte, a poner límites entre lo que permites y lo que no.

Es un principio de salud mental: si algo o alguien te molesta, reacciona y defiéndete

3. Me doy permiso para hablar con asertividad

Imagina un palacio, una sala blanca con ventanales abiertos por donde entra una luz serena. Entra ahí y respira. Nada de lo que digan o hagan los demás debe hacerte olvidar lo que vales y quién eres.

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Después, una vez percibas que estás en calma, habla. Actuar con asertividad significa ser capaz de hablar con respeto pero con firmeza, dejando claro qué permitimos y qué no.

4. Date permiso para dejar a un lado a quien te trata mal

Quien te trata mal no merece tu tiempo ni tus preocupaciones, ni mucho menos estar dentro de tu círculo social. Sin embargo, hay personas especialistas en crear problemas, en extender su mal humor y su desprecio hacia quienes menos lo merecen.

5. Date permiso para sanar la herida y ser aún más fuerte

Uno puede hallar consuelo y refugio en muchas cosas, pero el mejor modo de sanar heridas es rodearnos de personas que nos aman y respetan de verdad y que, a su vez, merecen ser amadas.